
El miércoles pasado tuve el placer el placer de guiar en el Dulce a una hermosa familia. Un matrimonio y sus dos hijos, el padre y su hijo mayor pescaban con mosca, mientras que la madre y el menor con spinning.
Era evidente desde un inicio que los pescadores de modalidad fly no estaban acostumbrados a castear moscas y equipos grandes. Sin embargo pronto la práctica y la persistencia hicieron lo suyo logrando lo que se necesita para pescar este río, tiros largos y buena puntería.


Así fue como empezaron a salir los doradillos santiagueños, hasta que detrás de unos de los palos por el medio del río y ya cerca del final de la flotada, nos topamos con una hermosa dorada.


Nos brindó una pelea inolvidable dándonos un largo paseo que una vez concluído, pudimos recién acercarla para tomarle unas imágenes y pesarla con el boga grip acusando unos respetables 7,5kgs.
Es así nomás, están apareciendo los grandes en el Dulce.
